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jueves, 7 de mayo de 2009


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domingo, 19 de abril de 2009

lunes, 4 de agosto de 2008

Entre arreboles, Moras y chicharras


El arrebol de las tardes de Alta Gracia cobijó mi niñez. Entre moras y luciérnagas se debatía la noche que, de tan cercana, ya era patente. Aún así algunos rayos rebeldes de luz permanecían en el ocaso, creo yo, para no dejarme a oscuras, al menos no hasta que llegue mi mamá a buscarme. Es que no dejaba piedra sin levantar, conocía a todos los bichos bolitas del lugar, ciempiés y arañas culonas, hormigas y lombrices. Cada uno tenía su respectivo nombre pero no por genero sino por bicho. Cuando se acababan los nombres empezaba a nominarlos por el nombre y primero, segundo y así sucesivamente.

Aprovechaba hasta el último aliento del día para escudriñar el campito. Si en la universidad hubiera habido la carrera de bichosofía seguro que ya estaría recibido. Los campitos era lugares de otros tiempos, eran portales hacia la aventura, una dimensión de sueños, era el escondite de las siestas, era trincheras de combate cuando chicos de otro barrio llegaban a invadir el nuestro. Por supuesto, para los refutadotes de sueños, era ese sitio que ocupaba la mitad del manzano lleno de yuyos y alimañas que eran necesarios limpiar cuanto antes. Pero el futuro me tenía sin cuidado. Me levantaba por las mañanas pensando en buscar vaya a saber que.

Poco a poco, y esto no lo supe hasta que crecí, se acercaba la civilización. Primero fue que desmontaron una parte del campito. Esto lejos de entristecernos a los pibes del barrio nos alegró por que con un par de palos que plantamos en la tierra hicimos una canchita de fútbol y aprovechamos que estos buenos señores, que no sabíamos de donde habían salido, nos habían limpiado el lugar. Fueron muchas las tardes de rodillas lastimadas y de discusiones sobre para quien jugaría el Josecito. Josecito era el más grande de tamaño entre nosotros pero irónicamente lo llamábamos por su diminutivo, aunque por esos tiempos no sabía que quería decir irónico ni diminutivo.


Fueron muchas las tardes donde en la escuela del potrero aprendimos a jugar al futbol. Esto fue hasta que en una de ellas, después de tomar la leche, nos llegamos hasta la canchita pero ya no estaba. En su lugar había otros señores, que tampoco sabíamos de donde habían salido, que vinieron con unas máquinas a meter mucho ruido y había un camión que bajaba muchos ladrillos. Día tras día durante toda la semana volvíamos al lugar a ver si estos señores se habían ido y no, seguían allí.

Llegado el sábado fuimos hasta nuestra usurpada cancha de fútbol y los señores no habían venido. Esperamos un rato merodeando por el lugar. Al darnos cuenta que no aparecían entramos. Descubrimos que nos habían hecho un hermoso regalo. Habían cavado mejores trincheras que las nuestras. Cuando nos metíamos en ellas solo se nos veía la cabeza y si nos agachábamos bien éramos capaces de escondernos hasta de los ojos de dios. Nos dejaron también los ladrillos para que hiciéramos nuestro fuerte, cosa que no tardamos en construir. El domingo tampoco vinieron y supusimos que no vendría más esta buena gente. Aprovechamos que nos habían dejado una canilla para abrirla en forma completa y hacer un río con represas y todo. El agua corría por las tardes, por las cunetas y se llevaba con ella algún que otro barco de papel. Corría y era un reloj, de agua, que marcaba el tiempo de nuestra infancia. Trincheras, fuertes y ríos: ¿Qué más se podía pedir?

Llegado el día lunes los señores habían vuelto pero ya no nos molestamos porque sabíamos que estaban construyendo algo para nosotros. Esperamos hasta el fin de semana y volvimos al lugar.


De esto hace ya como cuarenta años y aun no puedo olvidar el olor a verde dominado por las moras, a mis amigos ni a la chica que gustaba de mi, los carnavales de mi barrio, las primeras luciérnagas del ocaso, las chicharras y los sapos con sus armoniosos cantos, los gritos de mi madre llamándome...... si aún me parece oírlos: jorgeeeee, jorgitooooo......

el chunkano

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domingo, 2 de marzo de 2008

Como llegar a una estrella haciendo música (cuento corto)

Hay muchos que creen que el amor es una utopía. Yo creo que el amor es una utopía. Algunos dicen que las utopías son los sueños no consumados. La música es mi mayor sueño. Creo que es mentira que yo hago música, la música me hizo a mí. No creo en los sueños inconclusos, creo en los sueños que les falta un poquito mas de tiempo para realizarse. De ahí que toda mi vida la dedique a la persecución de las no tan esquivas utopías.


Como llegar a una estrella haciendo música (cuento corto)

Prólogo

Ante todo cabe advertir que este es un viaje que los refutadotes de sueños no podrán nunca realizar así que agradeciendo sus esfuerzos espurios se ruega abstenerse de cualquier intento por sacar un boleto. Dicho esto también excluiremos a científicos y matemáticos no por su incapacidad o falta de entendimiento sino por que después de haber viajado probablemente pidan pruebas de que lo hicieron. Así que prefiero quedarme con los ilusos y bohemios que tienen una capacidad innata de soñar y un corazón preparado para la sorpresa. También no es conveniente que se acerquen productores discográficos, televisivos, literarios, periodísticos, carroñeros en general ya que si creyeron que se trata de una estrella de la música alrededor de la cual pueden montar un show redituable económicamente se equivocaron rutilantemente. Su merodeo será repelido con una fuerte indiferencia y apatía sistemática. En pocas palabras, abstenerse cualquier persona que no pueda hacer de un sueño su hilván de vida.

La elección de una estrella

El primer paso que debemos dar para emprender este viaje es elegir una estrella y esto no es una tarea fácil. No la mas bella, la mas brillante, la mas fulgurante o si. Debemos tener en cuenta que si hemos de elegir la estrella mas agraciada probablemente nos encontraremos con mucha gente ambiciosa que desea poseer dicha estrella como un símbolo de poder y superioridad. Tampoco debemos elegir las mas pequeña por que también encontraremos muchos viajeros con el afán de demostrar su humildad y su carácter compasivo siendo solidarios en su elección. Si elegimos la estrella más común lo mismo sucederá por que allí estarán todos aquellos con ansias de sentirse únicos. En todos estos casos nos encontramos con viajeros que solo siguen la más. La más pequeña, la más grande, la más común, no importa la que sea con tal de que sea la más, característica que representa ampliamente a la raza humana.

La noche pasada una estrella titilaba en el horizonte. Se me acerco uno y me dijo: es por la humedad del ambiente. Luego otro: es la aurora boreal. Uno me dijo que era una nave espacial que se dirigía derecho a nuestro planeta y por eso no la veíamos moverse hacia los costados. El roció, la estación del año, un avión, una bandada de patos, experimentos nucleares en el espacio fueron el compendio de aseveraciones que le daban explicación al brillo de esa estrella, pero solo yo sabia que la estrella me estaba llamando. Llamado al cual no acudí por que no es cuestión de salir atrás de la primera estrella que lo llame a uno.


Ante tamaña disyuntiva solo me queda la asistencia del azar y elegir mediante algún método lúdico cual será mi estrella y aceptar con beneplácito la compañía asignada para el viaje por el destino. Corro el peligro que por esta elección azarosa terminar en una estrella que ya este ocupada. A lo mejor me toca seguir la estrella azul, o la estrella de la boina del che o quien sabe, hasta la misma estrella de Belén. A lo mejor me toca seguir a Estrella Gutiérrez, una vecina de la otra cuadra con cualidades anatómicas que justifican cualquier persecución. Todo esto me lleva a pensar necesariamente que al momento de elegir una estrella voy a compartir mi viaje con alguien y me parece bueno. Es probable que las personas con las que comenzamos el viaje no sean las mismas con las que terminamos el mismo. Eso también me parece bueno. Es probable que la luz de esa estrella que empezamos a seguir se apague en el medio del camino y tenga que tomar otro rumbo estelar, y eso también me parece bueno. También es probable que no nos alcance la vida para llegar hasta ella y nos retenga la muerte en algún punto aciago de nuestro camino y eso no me parece bueno. Todo esto, ha resumidas cuentas, me hace pensar que, como proyecto de vida, es bueno ir tras de una estrella lo mas urgentemente posible.

La elección del instrumento

Habiendo elegido una estrella ahora nos toca una elección muy personal, elegir un instrumento con el cual hacer música. Se me ocurre que tiene que ser un instrumento adecuado a nuestras características anatómicas. Por ejemplo yo, por mi contextura física corpulenta, me veo tocando un contrabajo pero no una okarina sin desmerecerla. Hemos de tener especial cuidado y esmero en nuestros primeros pasos con el instrumento elegido para que este no sea víctima de nuestra inexperiencia. Luego de haber logrado un dominio mediano de nuestro instrumento y haber enamorado a cuanta jovenzuela párvula se nos cruzara en el camino con nuestra ejecución, sometiéndola a todas las alturas de nuestros instintos, pasaremos al siguiente paso, la elección de la melodía.


La elección de la melodía

Los antiguos creían que había unas notas musicales que tocadas en un determinado orden y en el número correcto eran capaces de abrir un portal hacia las estrellas mas cercanas. Dicha melodía fue destruida luego de que esta cayera accidentalmente en manos de los siete dioses del mercado, (la esclavitud, el engaño, la expropiación, la desvergüenza, la explotación, la colonización y la codicia por supuesto) y estos pretendieron iniciar una ruta de libre comercio con las estrellas.

Las musas de la soledad

Las musas de la soledad ofrecen gentilmente sus servicios a cuanto músico inexperto caiga preso de sus promesas. Generalmente estas musas solo dictan a los instrumentistas notas que son capaces de desgarrar su propio corazón pero que no producen emoción alguna en otras personas. Tal es así que todo el encanto de las melodías únicas, originales e irrepetibles, de abrumadora belleza mueren con las primeras luces del día o cuando el pobre incauto comete el error de irse a dormir. Al despertar toda la magia que lo había emborrachado anteriormente se esfuma y solo quedan notas huérfanas de sentido alguno. Es que las musas de la soledad no vienen solas. Por lo general se las ve en compañía de una orquesta melancólica un poquito macabra que le dan sentido a lo que las musas dictan. Por ejemplo los contrabajos son ejecutados por el rencor, los oboes por las penas, los vientos y principalmente los saxos por los recuerdos, el arpa la ejecuta un sentimiento latente, pequeño y cobarde de liberación similar al suicidio que no se como se llama, la culpa con destreza ejecuta los golpes de los timbales. Pero por dios que la orquesta no existe hasta la llegada del dolor que toca su violín. Es el solista de la orquesta y su sonido cala tan profundo el corazón que llega hasta esos lugares donde no existe la sombra. De ahí que muchos músicos se entregan al exceso de drogas y alcohol para mantenerse despiertos para que las melodías nunca pierdan el sentido. Una y otra vez quieren atraer la atención de las musas y muchas veces se engañan cuando llegan alucinaciones producto de narcotizantes y descontroladas noches. Lo que no saben los músicos es que las musas los merodean sedientas. Una traición, el desden de una dama, la muerte de una ser querido son el único elixir capaz de aplacar la sed de estas musas. Solo vienen cuando hay algún sentimiento de dolor aferrado a su corazón siguiendo estas de largo si lo encuentran vacío.


El canto del amor

Suele ocurrir excepcionalmente que en nuestro viaje nos topamos con seres que comparten nuestro camino hasta el final. Esta aseveración se me hace un poco dificil sostenerla ya que no tengo ni idea del cual será el día de mi muerte y espero, que llegado el momento no tenga conciencia de que me esta sucediendo. Puede ser un amigo, un familiar o una mujer. En estas relaciones tan extensas como nuestras vidas dicen los antiguos que aparecen melodías carentes de toda orquestación más que la de sus propios corazones. Estas melodías no son bellas, ni tampoco extensas. Se parecen mas al silbo ocasional del viento que a una composición razonablemente equilibrada. Son melodías débiles, muchas veces alejadas de todo ritmo constante. Sólo tienen a su favor que son cantadas con mutuo amor. Son, como el canto de las musas de la soledad, ausente de todo sentido para alguien más que no sean los dos ejecutantes. Son, a diferencia de las musas de la soledad, tocadas a dúo. Se podría hasta decir que estas melodías no tienen sentido tampoco para sus compositores ya que tocadas en el contexto de la rutina diaria no tienen ningún significado. Pero estas adquieren real importancia en los momentos aciagos de dolor de nuestras vidas. Llegan hasta los oídos de los músicos diciéndoles que no están solos en el camino. Llegan como el silbo ocasional del viento, llegan como la tenue voz de dios, llegan como el arrullo de una canción de cuna para el corazón a brindar su consuelo.


Epílogo

No importa que instrumento hayamos elegido para este viaje con tal de que lo toquemos con el corazón. No importa la estrella que elijamos con tal de que nunca dejemos de seguir a una. No importa la melodía si esta nos acerca a otro ser. ¿Cómo llegar a una estrella haciendo música? No se. Pero si se que en el intento podemos descubrir el porque de nuestras vidas. Se que las utopías son tierra fértil para la concreción de sueños mas cercanos. Se de la lejanía de una estrella pero también se de lo bello de pensar que algún día la podremos alcanzar haciendo música. Todo esto, ha resumidas cuentas, me hace pensar que, como proyecto de vida, es bueno ir tras de una estrella lo mas urgentemente posible.

el chunkano

'vooolveeeer....con la frente marchita'

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martes, 26 de febrero de 2008

Doña imprudencia López y los nombres predestinados (cuento corto)

Este es un hermoso cuento que escribí que les aconsejo tomarse unos minutitos para leerlo. Habla de la inocencia y del predestinamiento de nuestras vidas lo querramos reconocer o no.

Doña imprudencia López y los nombres predestinados

¿Cómo explicarle a doña imprudencia López que su destino ya había sido signado por su nombre? Todos preferían llamarla por el apellido aunque esto daba lugar a confusiones. Paso a explicar. Como sabían todos en el pueblo la vida de Imprudencia López estaba llena de descuidos que si bien no la llevarían a la muerte por el momento, podían comprometer seriamente su salud. Es que doña Imprudencia como su nombre lo decía, era imprudente. Actos irreflexivos tales como cruzar una calle sin mirar, acariciar un perro desconocido y con espuma en la boca, desenchufar la estufa eléctrica del baño recién bañada y descalza, eran algunos de esas situaciones tomadas con cierta ligereza por doña Imprudencia. Convengamos que la irreflexión y la ligereza eran cualidades que paraban a doña Imprudencia en las puertas del paraíso. Y es que doña Imprudencia era una mujer muy, pero muy buena que se merecía entrar en él, eso si lograba llegar. Era también muy querida por todos y todos vivían con el corazón en la boca cuando la veían venir y pensaban de qué tipo peligro la iban a proteger hoy. En el pueblo, su nombre era tabú, así que todos la llamaban por su apellido. Era un pueblo muy supersticioso así que por miedo a la desgracia habían tomado el menudo reparo de no pronunciar jamás su nombre. López de aquí, López de allá la rebautizaron. Así y todo muchas veces era llamada por su nombre. Ocurría que cuando un hecho desventurado la amenazaba, y convengamos que eran muchos, le pegaban el grito: ¡cuidado! Ella se daba vuelta y preguntaba: ¿Qué? Ha de saberse que doña Imprudencia era también un poquito sorda. Tamaño enojo producía la inocencia con que se daba vuelta y sin a verse percatado del riesgo que corría que muchos la retaban y le decían: ¡que imprudencia López! A lo que ella muy sueltita de cuerpo contestaba: si, esa soy yo. La persona que cometía el pecado mortal de pronunciar su nombre, aunque sea por error, y despertaba a los dioses de la adversidad y la desdicha, era castigada con indiferencia a todos los niveles inimaginables. Desde cortarle un fiado, negarle el saludo o hasta el retiro completo de los favores amorosos eran penas a las que se sometían los incautos héroes. Con el tiempo y la persistencia de esta situación, muchos negocios se vieron en franca decadencia ya que sus ventas descendían lenta y paulatinamente, nadie se saludaba y había una espesa tensión sexual en el aire. Era que, en mayor o menor medida, todos habían caído presos desprevenida y precipitadamente del reto en cuestión pronunciando su nombre por un descuido, ¡Que imprudencia López!. Advirtiendo tal situación, que el pueblo estaba camino a la bancarrota, callado y caliente fue que se hizo el pacto de no prevenir mas a doña Imprudencia de los peligros que se le avecinaban. Cuenta la leyenda que se la vió por última vez juntando yuyos al lado de la vía del tren. Por supuesto que la leyenda lo cuenta sin mencionar su nombre.

Muchos meses posteriores a su desaparición la culpa y un profundo remordimiento que envolvió a todos los habitantes del pueblo los tentó a instaurar un día conmemorativo en su honor. Los festejos comenzaron en los colegios a la mañana, por las tardes se repartieron fotos y prendedores con su imagen cual santa de veneración. Al atardecer comenzó el baile, luego todos cenaron y en una conmovedora peregrinación llegaron hasta el lugar donde doña Imprudencia López había sido vista por última vez. Dejaron allí cientos de velas encendidas, flores hermosas y muchas oraciones que pedían por la paz de su descanso. Finalmente el intendente del lugar le dio el nombre de Imprudencia López a la estación del tren. Fue todo muy conmovedor. Si hasta vitorearon su nombre como nunca lo habían pronunciado antes: ¡Viva doña Imprudencia López! ¡Que viva!

Luego de esto el pueblo fue sacudido por un terremoto del que no se tiene registro en los anales de los producidos en todo el mundo desde el comienzo de los tiempos. Duró tres horas y sepultó esa noche a Villa Infortunio. ¿Cómo explicarle a Villa Infortunio que su destino ya había sido signado por su nombre?.

Esta foto fue tomada muchos meses después por un turista desprevenido que murió a la semana siguiente de haberlo hecho caminando por las calles de Villa infortunio (o lo que quedo de ella). Claramente se ve a Doña Imprudencia y su amiga Consuelo Rodriguez con todos sus gatos. Doña Imprudencia tiene hoy 107 años y sigue preguntándose que le paso a su pueblo y es que ninguno nos animamos a contarle nada.
el chunkano

'vooolveeeer....con la frente marchita'

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jueves, 21 de febrero de 2008

El amor de Pedro Antonio (cuento corto)

Entre tantos vicios que me doblegan uno de los mas poderosos, después de la música por así darle un orden, es él de escribir. En realidad todo lo que hago en mi vida tiende a la comunicación. No es que crea saber hacerlo sólo que no me puedo contener. Me anime con un cuento que describe el amor desde una perspectiva muy bonita. Espero que les guste. Está, por supuesto, dedicado a mi padre, fuente inspiradora de mi vida. Las imagenes son meramente ilustrativas.




El amor de Pedro Antonio


Así era el amor de Pedro Antonio. Bucólico, idílico, y hasta pastoril podríamos decir. Era tan profundo y abstraído que la respiración se le entrecortaba, no por la pasión sino por el olvido. Y es que Pedro Antonio, cuando pensaba en ella no se acordaba de respirar. Caminando por las calles de su pueblo, iba y venía sin saber por momentos si estaba yendo o viniendo. Cuando te miraba a los ojos su mirada te traspasaba; no por fuerte, no por adusta, si era poseedor de una dulzura incontrolable, si no por que siempre estaba mirando alguna estrella lejana. Dejaba en evidencia mi estupidez o mi ceguera, cuando me daba vuelta para ver lo que él veía, no veía nada. Pedro Antonio tenía esa envidiable cualidad de estar en dos lugares al mismo tiempo. Su existir se debatía entre el sueño y la realidad sin saber cual era cual. Es más, ni siquiera nosotros sabíamos cuándo dejaba de soñar, si es que dejaba de hacerlo.

Él nos supo contar que la musa inspiradora de su amor era una jardinera, cándida, jovial, sincera, franca pero no por ello ingenua. Se desvivía por sus plantas que ella las sentía suyas. Vivía en la casa con sus padres, así que tratar de encarar la empresa de su cortejo era algo preocupante y requería una planeación concienzuda. Cualquier acción podría ser declarada heroica tomando en cuenta que era hija única. Pero ninguno de estos escollos y vericuetos amedrentaban a nuestro Pedro Antonio. Decía que el buen camino no tenía que ser inexorablemente un camino libre de piedras. A pesar que la hidalguía de su postura era para ser considerada por lo menos para un puesto de prócer a posteridad, nosotros seguíamos dudando de su salud mental hoy. Es que nos contaba que el padre era un poco temperamental y había tenido un éxito rotundo cuando se trataba de espantar, por ser sutiles en la elección del término, a la manada lasciva, lujuriosa y carnal de coyotes hambrientos de sexo que conformaban el grupo de sus vapuleados pretendientes. Por lo menos esa era la imagen que el padre tenia de este ato ilegítimo de vagos y delincuentes que no tramaban otra cosa que llevarse a su hijita. Convengamos también que la belleza con la que había sido maldecida, según su padre, no le daba oportunidad a cuantito jovenzuelo anduviera suelto que caía irremediablemente preso de sus brujos encantos. Estos romeos improvisados, para no ser tildados de cobardes se veían en la obligación de aunque sea intentar poner a disposición su corazón, por ser sutiles en la elección del órgano, ante la tamaña hermosura con la que dios la había bendecido, según éstos.

Pero éste no era el caso de Pedro Antonio. Él ya había planeado todo. El ya había soñado todo y esto le daba un crédito extra a su quijoteada. Él ya había imaginado su casamiento, sus hijos y toda la felicidad que les estaba reservada. Todos los momentos difíciles ya tenían su antídoto en el pequeño manual que había escrito por años ¿Que distancia podía separar mi deseo del cuerpo de tan bella mujer? Se preguntaba. Para él la distancia parecía muy corta y estaba dispuesto a recorrerla. Su arrojo y su intrepidez no se le notaban a flor de piel, Sólo nos dábamos cuenta aquellos que poníamos especial atención en sus palabras. Era capaz de relatar los planes más disparatados con una seguridad que daba escalofríos.

Pero más escalofríos nos daban saber que todo era sólo un sueño. Sí, solo un sueño. Sabíamos que su jardinera no existía. Él decía que todo es nada más y nada menos que un sueño. Él estaba convencido de que existía, sólo que aún no la conocía. Sí, todo es un sueño nos decía. También nos decía que el mono se transformó en un ser humano, no cuando bajó de las ramas de un árbol y caminó erecto, sino cuando empezó a soñar que podía hacerlo. ¿Quién le podía negar que un sueño nos mantiene vivos? ¿Quién le podía discutir que realidad y fantasía comparten espacios distintos en un mismo plano? ¿Quién podía decirle que un sueño no es real? ¿Quién podía refutarle que nos seguiríamos balanceando de rama en rama si no nos hubiera despertado un sueño? Ese era el oficio de nuestro Pedro Antonio, él era soñador de profesión.

Profesión que todos los del pueblo nos ocupábamos de mantener viva junto con él, porque la rutina de nuestras vidas nos había cercenado la capacidad de soñar. Éramos un pueblo gris, iluminado por la desfachatez de nuestro Pedro Antonio. Su jardinera era sólo una musa a la que estuvo esperando toda su vida. Ojala que la encuentre. Por lo menos al tiempo en que yo termine de escribir esto todavía no la había hallado. Él ya la imaginaba antes de que tuviera un nombre. Todos anhelábamos su llegada y a la vez sentíamos miedo de que Pedro Antonio dejara de soñar después de su arribo. Él presentía que lo estaba buscando y se preparaba para recibirla con el más necesario de todos los abrazos, el del encuentro. En su corazón latía el más grande de todos los amores, el que nace de la esperanza, el que nace de la fe. Él la amaba antes de saber de su existencia. Él la amaba antes de saber dónde estaba. Él la amaba antes de la carne. Él la amaba en sus sueños, por que ¿qué somos, sino un sueño antes de ser?



A pesar de todo, nadie se animaba a contradecirlo, y muchísimo menos sentir lastima por él. Si hasta envidia le teníamos, por que, si se quiere, él siempre fue un hombre enamorado, y por más que ella todavía no llega: ¿quién puede negar el amor de pedro Antonio?




el chunkano

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