lunes, 27 de julio de 2009

Creamos

¿Dónde estamos parados? ¿Cuál es nuestra realidad? ¿Es solo una? Mientras escribo a la luz del monitor se me viene al alma un planteo acerca de los merecimientos. Me gustaría que por un segundo antes seguir busquen sus propias respuestas a estos tres primeros interrogantes. Se habla siempre de la existencia de dios y que todos somos iguales ante sus ojos. Se habla siempre de la justicia y que también ahí somos todos iguales, con los mismos derechos y deberes que todos los seres humanos. Nos acaricia el mismo sol y la muerte es una miseria insoslayable común a todos. Respiramos el mismo aire y estamos hechos de la misma materia estelar. Cae rendido una y mil veces mi pensamiento idealista ante la más cruda realidad: Socialmente no somos todos iguales y el ser humano sufre la explotación de si por sí mismo, padece una auto explotación. Y más allá de que siempre pensé que la situación social de los seres humanos es el producto directo de su entorno y sabiendo de la intervención directa de la mano azarosa del destino respecto al lugar que ocupamos en esta sociedad, me pregunto a diario si merecemos el lugar que en la vida que nos ha tocado. ¿Hay gente que merece sufrir y otros que merecen ser felices? Sabiendo que el único dios que veo venerar con vehemencia es el capital, sabiendo que las únicas leyes realmente respetadas con absoluta sumisión son las leyes del mercado, se me disparan interrogantes sobre merecimientos.

Cuando me levanto todas las mañanas y veo la vida que me toca vivir se me viene a la cabeza que el lugar que uno ocupa en la sociedad es una cuestión de suerte. Con ese pensamiento aplaco las voces de la conciencia que proclaman acciones prontas de mi parte con respecto a aquellas personas más desafortunadas, los más desgraciados. Me digo a mi mismo lo que en algún momento de la vida nos hemos dicho todo: ¿Qué puedo hacer yo? Es esta una pregunta con cierta carga de hipocresía porque al momento de hacérnoslas ya concebimos la respuesta que nos dejara en paz y nos brindara sosiego: nada. En realidad la mayoría de las veces no buscamos respuestas verídicas solo queremos que nuestras responsabilidades, nuestros deberes pesen sobre otras espaldas y no las nuestras. Tamaña hipocresía solo tiende a lavar nuestras culpas con las lágrimas del sufrimiento de los demás.

Cuando me acuesto por las noches y veo la vida que toca vivir se me viene a la cabeza que el rumbo de mi vida es directamente proporcional a los esfuerzos que he hecho por llegar donde estoy. Pienso que soy un producto directo de mis esfuerzos, de mis decisiones acertadas, de mi habilidad para mimetizarme con el sistema. Juego con las mismas reglas que el sistema nos impone a todos por lo tanto me libero de culpa si llego al éxito. En este entorno solo se me ocurre que la supervivencia de una persona solo depende de su capacidad de adaptación. Ante el menor cuestionamiento saco mi arsenal de escusas y me escudo tras sus portentosas razones. Nadie se pregunta si las obligaciones, los deberes, las leyes o hasta los mismos derechos son correctos, solo se acatan ciegamente.

Más allá de lo irónico de los dos párrafos anteriores creo que en algún momento de nuestra historia dejamos de luchar y entregamos todas nuestras convicciones en pos de una falsa felicidad. Felicidad emparentada directamente al consumo. Devoramos todo aquello que el mercado nos ofrece: electrodomésticos, juventud, sexo, alucinógenos, alcohol, cigarrillos, moda y todo aquello que nos aparte reflexionar sobre cuál es nuestro papel en este mapa celestial. Nuestra conciencia debilitada solo sobrevive a la espera de algún ser redentor que se ponga sobre las espaldas todas nuestras culpas, algún alma iluminada que tenga todas las respuestas, lo que esperamos es un héroe que nos muestre el camino. Hace tiempo dejamos de creer que somos capaces de cambiar al mundo. Hace tiempo que dejamos las soluciones a las generaciones venideras. Hace tiempo que dejamos de ser nuestro propio héroe.

Nuestra resignación le deja la puerta abierta a la desidia. La falta de comprensión de que nuestra vida como la entendemos solo es posible por la existencia de los demás nos va llevando lentamente a la destrucción del entorno social. Dependemos de que cada partícula del universo ocupe su justo lugar para existir. Avasalladas todas reglas sociales de convivencia solo queda el caos. Debemos llegar a creer que las leyes que rigen a todo el universo también nos abarcan. Sepamos que los desequilibrios se compensan y de no ser asi se entablan grandes luchas hasta que esto suceda. Debemos saber que la acumulación de riquezas por parte de algunos solo genera pobreza en muchos otros. Los cimientos del éxito de algunos son el sufrimiento de muchos. Hace mucho tiempo deje de creer en las instituciones, llámese política y sindicatos, iglesia, militares o gobiernos. Deje de creer que, de estas, pueden llegar las soluciones. La corrupción en las mismas a calado tan hondo que se hace difícil discernir a las buenas personas que todavía sobreviven en las mismas. Aun sigo creyendo en las personas y su voluntad de llevar adelante sus sueños.
De la mano de una amiga, como llegan las mejores cosas en la vida, llego hasta mis manos una carta que escribió el doctor René Favaloro antes de suicidarse que adjunto a continuación para compartirla con ustedes sin otro motivo que el que veamos la realidad en que vivimos. Que no se nos nuble la vista y sepamos que nuestras enfermedades para el gobierno y las grandes empresas farmacéuticas no son una pandemia sino un buen negocio.


Al fin y al cabo solo me preguntaba si merecía esta vida, si la estoy honrando verdaderamente. Soy una persona muy afortunada por todo lo que tengo: amigos, casa, trabajo, bienestar, vestimenta, educación etc. Pero nunca creí que dicha fortuna, la de tener lo que tengo, es un premio hacia mi persona. Ni por un segundo pienso que todo aquello con que la vida me ha agraciado sea un premio a mis esfuerzos. La vida me brinda infinitas riquezas y un tiempo escasísimo para pagar tributo. Definitivamente no creo en merecimientos, mi único credo es que por esta vida, por esta oportunidad de sentir, se debe buscar constante e incansablemente el equilibrio para todos. Apartémonos de la conformidad, dejemos de lado el ego de creernos superiores, dejemos de pensar que lo que la vida nos da es por los meritos que hacemos para recibir lo que recibimos, dejemos de lado la soberbia de creernos cultores de nuestro destino por nuestros dones o capacidades y encontremos en el prójimo pedazos de nosotros mismos. No permitamos que nos hagan creer que ya todo está dicho y hecho y, cuando no sepamos qué hacer, creamos. Cuando todos los caminos se nos cierren encendamos nuestra esperanza, porque creer es solo el momento previo a la llegada de las respuestas, de las soluciones, a la concreción de los sueños, a la apertura de nuevas oportunidades. Creo que no debemos descansar hasta tomar un puñado de tierra en nuestras manos y poder vernos reflejados en ella como en un espejo. Creamos, creamos.




La carta de René Favaloro



“Si se lee mi carta de renuncia a la Cleveland Clinic, está claro que mi regreso a la Argentina (después de haber alcanzado un lugar destacado en la cirugía cardiovascular) se debió a mi eterno compromiso con mi patria. Nunca perdí mis raíces... Volví para trabajar en docencia, investigación y asistencia médica. La primera etapa en el Sanatorio Guemes, demostró que inmediatamente organizamos la residencia en cardiología y cirugía cardiovascular, además de cursos de post grado a todos los niveles.

Le dimos importancia también a la investigación clínica en donde participaron la mayoría de los miembros de nuestro grupo.
En lo asistencial exigimos de entrada un número de camas para los indigentes. Así, cientos de pacientes fueron operados sin cargo alguno. La mayoría de nuestros pacientes provenían de las obras sociales. El sanatorio tenía contrato con las más importantes de aquel entonces.

La relación con el sanatorio fue muy clara: los honorarios, provinieran de donde provinieran, eran de nosotros; la internación, del sanatorio (sin duda la mayor tajada).

Nosotros con los honorarios pagamos las residencias y las secretarias y nuestras entradas se distribuían entre los médicos proporcionalmente.

Nunca permití que se tocara un solo peso de los que no nos correspondía.

A pesar de que los directores aseguraban que no había retornos, yo conocía que sí los había. De vez en cuando, a pedido de su director, saludaba a los sindicalistas de turno, que agradecían nuestro trabajo.
Este era nuestro único contacto.

A mediados de la década del 70, comenzamos a organizar la Fundación. Primero con la ayuda de la Sedra, creamos el departamento de investigación básica que tanta satisfacción nos ha dado y luego la construcción del Instituto de Cardiología y cirugía cardiovascular.

Cuando entró en funciones, redacté los 10 mandamientos que debían sostenerse a rajatabla, basados en el lineamiento ético que siempre me ha acompañado.

La calidad de nuestro trabajo, basado en la tecnología incorporada más la tarea de los profesionales seleccionados hizo que no nos faltara trabajo, pero debimos luchar continuamente con la corrupción imperante en la medicina (parte de la tremenda corrupción que ha contaminado a nuestro país en todos los niveles sin límites de ninguna naturaleza). Nos hemos negado sistemáticamente a quebrar los lineamientos éticos, como consecuencia, jamás dimos un solo peso de retorno. Así, obras sociales de envergadura no mandaron ni mandan sus pacientes al Instituto.

¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno!

Manga de corruptos que viven a costa de los obreros y coimean fundamentalmente con el dinero de las obras sociales que corresponde a la atención médica.

Lo mismo ocurre con el PAMI. Esto lo pueden certificar los médicos de mi país que para sobrevivir deben aceptar participar del sistema implementado a lo largo y ancho de todo el país.

Valga un solo ejemplo: el PAMI tiene una vieja deuda con nosotros, (creo desde el año 94 o 95) de 1.900.000 pesos; la hubiéramos cobrado en 48 horas si hubiéramos aceptado los retornos que se nos pedían (como es lógico no a mí directamente).

Si hubiéramos aceptado las condiciones imperantes por la corrupción del sistema (que se ha ido incrementando en estos últimos años) deberíamos tener 100 camas más. No daríamos abasto para atender toda la demanda.

El que quiera negar que todo esto es cierto que acepte que rija en la Argentina, el principio fundamental de la libre elección del médico, que terminaría con los acomodados de turno.

Los mismo ocurre con los pacientes privados (incluyendo los de la medicina prepaga) el médico que envía a estos pacientes por el famoso ana-ana , sabe, espera, recibir una jugosa participación del cirujano.

Hace muchísimos años debo escuchar aquello de que Favaloro no opera más! ¿De dónde proviene este infundio?. Muy simple: el paciente es estudiado. Conclusión, su cardiólogo le dice que debe ser operado. El paciente acepta y expresa sus deseos de que yo lo opere. ‘Pero cómo, usted no sabe que Favaloro no opera hace tiempo?’. ‘Yo le voy a recomendar un cirujano de real valor, no se preocupe’. El cirujano ‘de real valor’ además de su capacidad profesional retornará al cardiólogo mandante un 50% de los honorarios!
Varios de esos pacientes han venido a mi consulta no obstante las ‘indicaciones’ de su cardiólogo. ‘¿Doctor, usted sigue operando?’ y una vez más debo explicar que sí, que lo sigo haciendo con el mismo entusiasmo y responsabilidad de siempre.

Muchos de estos cardiólogos, son de prestigio nacional e internacional.

Concurren a los Congresos del American College o de la American Heart y entonces sí, allí me brindan toda clase de felicitaciones y abrazos cada vez que debo exponer alguna ‘lecture’ de significación. Así ocurrió cuando la de Paul D. White lecture en Dallas, decenas de cardiólogos argentinos me abrazaron, algunos con lágrimas en los ojos. Pero aquí, vuelven a insertarse en el ’sistema’ y el dinero es lo que más les interesa.

La corrupción ha alcanzado niveles que nunca pensé presenciar. Instituciones de prestigio como el Instituto Cardiovascular Buenos Aires, con excelentes profesionales médicos, envían empleados bien entrenados que visitan a los médicos cardiólogos en sus consultorios. Allí les explican en detalles los mecanismos del retorno y los porcentajes que recibirán no solamente por la cirugía, los métodos de diagnóstico no invasivo (Holter eco, camara y etc., etc.) los cateterismos, las angioplastias, etc. etc., están incluidos..

No es la única institución. Médicos de la Fundación me han mostrado las hojas que les dejan con todo muy bien explicado. Llegado el caso, una vez el paciente operado, el mismo personal entrenado, visitará nuevamente al cardiólogo, explicará en detalle ‘la operación económica’ y entregará el sobre correspondiente!.

La situación actual de la Fundación es desesperante, millones de pesos a cobrar de tarea realizada, incluyendo pacientes de alto riesgo que no podemos rechazar. Es fácil decir ‘no hay camas disponibles’.
Nuestro juramento médico lo impide.

Estos pacientes demandan un alto costo raramente reconocido por las obras sociales. A ello se agregan deudas por todos lados, las que corresponden a la construcción y equipamiento del ICYCC, los proveedores, la DGI, los bancos, los médicos con atrasos de varios meses.. Todos nuestros proyectos tambalean y cada vez más todo se complica.

En Estados Unidos, las grandes instituciones médicas, pueden realizar su tarea asistencial, la docencia y la investigación por las donaciones que reciben.

Las cinco facultades médicas más trascendentes reciben más de 100 millones de dólares cada una! Aquí, ni soñando.

Realicé gestiones en el BID que nos ayudó en la etapa inicial y luego publicitó en varias de sus publicaciones a nuestro instituto como uno de sus logros!. Envié cuatro cartas a Enrique Iglesias, solicitando ayuda (¡tiran tanto dinero por la borda en esta Latinoamérica!) todavía estoy esperando alguna respuesta. Maneja miles de millones de dólares, pero para una institución que ha entrenado centenares de médicos desparramados por nuestro país y toda Latinoamérica, no hay respuesta.

¿Cómo se mide el valor social de nuestra tarea docente?
Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.

La mayoría del tiempo me siento solo. En aquella carta de renuncia a la C. Clinic , le decía al Dr. Effen que sabía de antemano que iba a tener que luchar y le recordaba que Don Quijote era español!
Sin duda la lucha ha sido muy desigual.

El proyecto de la Fundación tambalea y empieza a resquebrajarse.

Hemos tenido varias reuniones, mis colaboradores más cercanos, algunos de ellos compañeros de lucha desde nuestro recordado Colegio Nacional de La Plata, me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ’sistema’.

Sí al retorno, sí al ana-ana.

‘Pondremos gente a organizar todo’. Hay ‘especialistas’ que saben como hacerlo. ‘Debés dar un paso al costado. Aclararemos que vos no sabés nada, que no estás enterado’. ‘Debés comprenderlo si querés salvar a la Fundación’

¡Quién va a creer que yo no estoy enterado!

En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer.

Joaquín V. González, escribió la lección de optimismo que se nos entregaba al recibirnos: ‘a mí no me ha derrotado nadie’. Yo no puedo decir lo mismo. A mí me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla. Estoy cansado de recibir homenajes y elogios al nivel internacional. Hace pocos días fui incluido en el grupo selecto de las leyendas del milenio en cirugía cardiovascular. El año pasado debí participar en varios países desde Suecia a la India escuchando siempre lo mismo.

‘¡La leyenda, la leyenda!’

Quizá el pecado capital que he cometido, aquí en mi país, fue expresar siempre en voz alta mis sentimientos, mis críticas, insisto, en esta sociedad del privilegio, donde unos pocos gozan hasta el hartazgo, mientras la mayoría vive en la miseria y la desesperación. Todo esto no se perdona, por el contrario se castiga.

Me consuela el haber atendido a mis pacientes sin distinción de ninguna naturaleza. Mis colaboradores saben de mi inclinación por los pobres, que viene de mis lejanos años en Jacinto Arauz.

Estoy cansado de luchar y luchar, galopando contra el viento como decía Don Ata.

No puedo cambiar.

No ha sido una decisión fácil pero sí meditada.

No se hable de debilidad o valentía.

El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, hable de debilidad o valentía.

El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano.

Sólo espero no se haga de este acto una comedia. Al periodismo le pido que tenga un poco de piedad.

Estoy tranquilo. Alguna vez en un acto académico en USA se me presentó como a un hombre bueno que sigue siendo un médico rural. Perdónenme, pero creo, es cierto. Espero que me recuerden así.
En estos días he mandado cartas desesperadas a entidades nacionales, provinciales, empresarios, sin recibir respuesta.

En la Fundación ha comenzado a actuar un comité de crisis con asesoramiento externo. Ayer empezaron a producirse las primeras cesantías. Algunos, pocos, han sido colaboradores fieles y dedicados. El lunes no podría dar la cara.

A mi familia en particular a mis queridos sobrinos, a mis colaboradores, a mis amigos, recuerden que llegué a los 77 años. No aflojen, tienen la obligación de seguir luchando por lo menos hasta alcanzar la misma edad, que no es poco.

Una vez más reitero la obligación de cremarme inmediatamente sin perder tiempo y tirar mis cenizas en los montes cercanos a Jacinto Arauz, allá en La Pampa.

Queda terminantemente prohibido realizar ceremonias religiosas o civiles”.

Un abrazo a todos
René Favaloro


el chunkano

1 comentario:

Hugo dijo...

Como Siempre.., Tan Didactico y enseñándonos a Pensar..!!
Sos un Maestro CHUNKANO..!!
Ojalá Yo tuviese esa capacidad de Preguntarme y encontrar las Respuestas a Mi Interior...!!
Te Admiro..!! Sos Un Grande..!!!
UN FUERTE ABRAZO AMIGO..!!!

Piturro.-